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Portada del libro

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El tiempo y su catálogo de oportunidades perdidas transitan por esta novela corta del oscense Severino Pallaruelo (Puyarruego, 1954), hombre que ha dedicado sus estudios a la historia, a la etnografía y que de tanto en cuando da alguna perla narrativa como la que nos ocupa, publicada por el IEA en su colección Letras de año nuevo (en ella han publicado escritores como Carlos Castán, Joaquín Sánchez Vallés, Ismael Grasa u Oscar Sipán). Son los años los que nos permiten entender realmente ese carácter efímero de lo que nos rodea, viene a decir su autor; esa vida veloz que tiñe de nostalgia los hechos cotidianos cuando forman parte del pasado: esos trenes viejos que ya sólo se guardan en la memoria (“Quiero un billete para el tren más viejo, más lento y más barato”), aquel trigo que ya pocos trillan porque es más sencillo comprar el pan directamente, los carretes de fotos de las máquinas antiguas… La vida sólo parece haberse detenido el reloj en las liturgias católicas de la misa que observa la protagonista, con alegría, pese a que en aquel momento haya dejado ya de ser creyente. Y aunque siempre se está  a tiempo de hacer algo, tal riesgo puede originar una experiencia aún más dolorosa (el libro se inicia con la muerte de su protagonista). Con sutileza y sin ganas de empalagar a nadie, con poesía y buen hacer de narrador (tres vías ofrece el texto: las del diálogo de los policías, la clásica del narrador omnisciente y la que nos da el propio diario de su protagonista), con referencias esporádicas a  los versos de Machado y cuidadas pinceladas a distintos paisajes de España, la obra, breve, pero sustanciosa, se lee con gusto de un tirón y da cabida a múltiples reflexiones.

El prodigio puede hallarse en las librerías y en el edificio del IEA (Calle del Parque, 10, 22002, Huesca) y aparece a la vez que otra novela del mismo autor, Ruido de zuecos, publicada en Xordica Editorial.  

Hoy 9 de enero es el aniversario del 115 natalicio de Julián Borderas Pallaruelo, el personaje con el que, realmente, inicié mi tesis doctoral y con el que sigo conviviendo, bien a través de su recuerdo, bien a través de las personas honestas y magníficas que me ha permitido conocer (su familia, por ejemplo). Le tengo un gran afecto y mi deseo es ver, más pronto que tarde, una segunda edición (ampliada, corregida y reescrita en algunos de sus pasajes) de la biografía que le dediqué en el año 2008 y que me permitió ganar el VII Premio de Ensayo e Investigación de la Delegación del Gobierno en Aragón. Creo que hay motivos suficientes para emprender un proyecto así: desde esa fecha he publicado, entre otros, un libro sobre el socialismo en Huesca y su provincia, he completado una tesis, he seguido recopilando datos y fotografías sobre él, y –cosa también importante- he madurado un poquito más como investigador y escritor. En recuerdo de este día, incluyo la entrada que he dedicado a Julián en el Diccionario Biográfico del Socialismo en Aragón, obra que hemos preparado el profesor Enrique Bernad Royo y yo, y que se publicará, espero que en breve, este 2014.

BORDERAS PALLARUELO, Julián

Diputado por Huesca

Bescós de Garcipollera (Huesca) 9-I-1899 – México D.F. 28-IX-1980

Nació en el seno de una familia humilde. Tras recibir los estudios elementales sus padres le pusieron al cargo de un sastre itinerante que le enseñó el oficio. Realizó el servicio militar en Zaragoza a finales de los años diez, en donde, gracias al quiosquero Ángel Chueca conoció las ideas socialistas. Continuó su aprendizaje en Madrid y París, a la que fue a parar con el fin de perfeccionar sus habilidades con la aguja. Cuando en el año 1923 falleció su padre regresó a Jaca, en donde abrió su primera sastrería y se puso en contacto con los elementos socialistas de la localidad. Allí conoció también a Isabel Vizcarra, con la que se casó en ceremonia civil –provocando con ello un cierto escándalo entre los sectores conservadores de la ciudad- en 1928. En 1924 entró oficialmente en el PSOE, laborando durante los años de la dictadura para mejorar las condiciones de vida de los sectores proletarios. Participó activamente en la sublevación de Fermín Galán, siendo detenido a su término y confinado en prisión.

Julián Borderas Pallaruelo (el primero a la izquierda) en la cárcel de Jaca, en 1931.

Julián Borderas Pallaruelo (el primero a la izquierda) en la cárcel de Jaca, en 1931.

No salió de la misma hasta la proclamación de la Segunda República, periodo en el que comenzó a destacar por su intensa actividad política: ocupó la presidencia de la Agrupación de Jaca, tuteló las organizaciones socialistas sabiñaniguenses, actuó de juez municipal (entre 1931 y octubre de 1934) y, en 1936, se convirtió en el candidato socialista que el Frente Popular presentó a las elecciones de febrero de 1936. Llegó allí tras competir con el representante de Huesca, el prietista Ángel Gavín en una reñida votación que Julián, largocaballerista, ganó por tan sólo seis votos de diferencia.Tras las elecciones del 16 de febrero, gracias a los 47.582 votos que obtuvo, se convirtió en el primer oscense en obtener un acta de diputado por el PSOE. A causa de las vacaciones parlamentarias, Borderas vivió el golpe de Estado en Jaca. Por eso en la noche que iba del 18 al 19 de julio tomó las armas, en compañía de otros republicanos, para enfrentarse a las fuerzas sublevadas, viéndose horas después obligado a salir de la ciudad tras comprobar que estaban en situación desventajosa. Desde entonces, alternó lo militar con lo político. Ayudó a poner en marcha el Batallón Alto Aragón y la Columna Alpina, centrándose después en todo lo que tenía que ver con la vida de su partido y sindicato, especialmente, en lo que concernía a las relaciones con el Consejo de Aragón y la Minoría Parlamentaria Socialista. Fue, de hecho, uno de los pocos asistentes a la reunión de Cortes que tuvo lugar en el Castillo de Figueras el 1 de febrero de 1939. Entretanto, rompió con Largo Caballero –lo hizo oficialmente en la reunión que celebró la Minoría el 2 de septiembre de 1937- y se sumó a las teorías prietistas. Ocupó, además, diversos comisariados políticos: el del Batallón Alto Aragón, el de la 130 Brigada Mixta, el del X Cuerpo de Ejército, y, ya al final de la guerra, el Comisariado de Ingenieros.

Ficha de Julián Borderas

Ficha de Julián Borderas del Registro de Inmigrantes Españoles en México. Archivo General de la Administración.

Tras la guerra civil se trasladó a Francia, en donde compaginó sus actividades políticas con todo aquello que tenía que ver con las labores de ayuda a los refugiados españoles. La instauración del gobierno de Vichy cambió, sin embargo, su suerte, pues en 1940 fue detenido y confinado en el campo de concentración de Agde. Aguantó en aquel lugar muy poco tiempo, pues consciente de que por su pasado político le podría aguardar un mal fin, urdió enseguida un plan de escape. Tuvo éxito en tal empresa, pero, luego de llegar a Marsella y de tomar clandestinamente un barco que se dirigía hacia el sur, fue descubierto y encerrado. Desde entonces tuvo que trabajar en distintos campos de concentración del continente africano; no saliendo de ellos hasta que tras varios meses de penurias logró los permisos que precisaba para desplazarse hasta México. Llegó allí, finalmente, a bordo del Quanza, el 18 de noviembre de 1941. Su mujer y sus dos hijos, Hugo y Doris, se reunieron con él tres años después. Isabel había permanecido en prisión durante todo el periodo bélico, y al regresar a casa, había comprobado cómo todos los bienes de su casa se habían vendido en subasta pública.  En México Borderas fue uno de los más leales seguidores de Prieto, formando inmediatamente parte del Círculo Pablo Iglesias, e integrándose en la directiva de la ASEM, como contador, en 1945. Igualmente fue relevante su presencia en la Minoría Parlamentaria Socialista de la que formó parte hasta la llegada de la democracia a España (en la década de los sesenta actuó como vicepresidente y secretario de la misma). También fue vicepresidente del Centro Republicano Español, miembro de la Benéfica Hispana, presidente de la Peña Aragonesista Joaquín Costa, vocal de la Editorial Pablo Iglesias y uno de los socialistas que recibieron el encargo de supervisar los últimos fondos de la JARE. Al final de sus días vivió Julián de cerca el conflicto que sostuvieron los socialistas renovadores con los históricos, pugna en la que él tomó partido, desde el año 1974, por el primero de los grupos. Laboralmente, y pese a algunos negocios fracasados que le arrojaron a una difícil posición económica en los años cuarenta, logró alcanzar el éxito con su oficio. Fue el sastre de reconocidos republicanos españoles y de distintos personajes de la política y la cultura mexicana. Falleció en México D.F. el 28 de septiembre de 1980.

Portada del libro

Portada del libro

Hay algo de rebeldía en esto de presentar un libro en una época en que el papel empieza a ser materia pretérita –o en el mejor de los casos, un segundo plato- y la “videocracia” comienza a apartar a la tradicional “lectocracia”. Y si el libro atiende a nuestro pasado, y más concretamente, a nuestra Guerra Civil y a nuestra posguerra, asuntos para los que ya las editoriales no hallan el filón de hace unos años –y que en muchas ocasiones no pasó por control de calidad alguno-, no hay duda de que estamos ante algo especial. Y es que el día 26 presentó un rebelde, Joaquim Pisa Carilla –quien vea su tarjeta de visita verá que se define como “escritor, viajero, fotógrafo y publicista”- su libro Las cenizas del sueño eterno. Lanaja, 1936-1948  (Ushuaia ediciones, 2013) en el Instituto de Estudios Altoaragoneses. Y acompañándolo estuvimos Carlos Escartín Otín, presidente del Círculo Republicano Manolín Abad; Carlos Migglaccio, comunicador y autor del blog Neofato; y yo mismo, en calidad de historiador. Y el resultado fueron cuatro intervenciones que versaron muy distintos temas. Así, Carlos Migglaccio abrió fuego, presentando el acto y hablando de la memoria histórica como un ente mucho más amplio del que solemos pensar, aportando así un honesto y sentido discurso que merecería estar en alguna publicación; Carlos Escartín expuso la vigencia que el ideario republicano tenía en los tiempos que vivimos y expresó una frase, “cuidado con la III República”, que conviene apuntar: si llegase, habría que saber estar a la altura de las circunstancias y evitar errores pasados. Finalmente, Joaquim Pisa expuso las fuentes con que trabajó, habló de la metodología, de los orígenes del libro –debidos a una obra anterior, Un castillo en la niebla-, de los descubrimientos y novedades que este aporta -los estudios, por ejemplo, sobre la colectividad y las luchas sindicales internas- y de la represión que se cernió sobre Lanaja durante la guerra y el franquismo. Fue generoso también al dejar algo de espacio para algunas preguntas de los presentes.

Por mi parte, quise introducir el periodo de la Guerra Civil y la inmediata posguerra a partir de cuatro puntos principales que a mi parecer guardaban relación con el libro: el hecho de que este reivindicara la “historia desde abajo”, frente a la historiografía tradicional; la idea, ante los revisionistas, de que la autentica ruptura de España llega con el año 1936; la necesidad de entender la guerra civil como algo mucho más complejo que una lucha entre dos bandos, por todo el entramado político y sindical que comporta; y, finalmente, exponer que la Guerra Civil no culminó con las acciones bélicas, sino que, para un bando, el perdedor, persistió mucho más allá de esas fechas.

Por mi parte, sólo añadir que estamos ante un libro especialmente recomendable porque permite conocer mucho mejor -y con algunos datos realmente novedosos- la historia social, no de Lanaja, sino del territorio aragonés. Los personajes que allí aparecen –especialmente, Mariano Carilla Salillas, familiar del autor-, trascienden las fronteras najinas por todas las identificaciones que ofrecen: son espejos en el que podemos ver nuestro pasado, a nuestros antecedentes, familiares y conocidos. Personas que merecieron mucho más que la losa del olvido. Su presencia allí es un acto de justicia. Finalmente, sólo dar las gracias a Joaquim Pisa por haber tenido el detalle de invitarme a este acto.

Las cenizas del sueño eterno. Lanaja, 1936-1948. Guerra, postguerra y represión franquista en el Aragón rural está publicado por Ushuaia ediciones. Puede encontrarse en formato físico (a un precio de 17 euros) o en libro electrónico (6, 94 euros).

Puede conseguirse en: http://ushuaiaediciones.es/lascenizas.html

Continúa de… http://hermeneutico.wordpress.com/2013/04/13/jose-algora-gorbea-y-el-episodio-del-estatuto-de-cataluna-i/

Como resultado de su desobediencia, la Agrupación Socialista de Zaragoza envió una nota a la prensa en la que desautorizaba totalmente su actitud y anunciaba que se le decidía expulsar del Partido Socialista. Pero Algora no se amedrentó por ello, y todo, pese a que no disponía de buenas cartas para jugar aquella partida. Él se veía fuerte, y además tenía un núcleo de fieles simpatizantes, especialmente, en el núcleo de Caspe, que podría ayudarle en su deseo -aunque Algora no dejó constancia de este, la prensa de la época lo dio por seguro- de formar una nueva Federación Provincial socialista.

Vida Nueva, número 107

Uno de los números de Vida Nueva que abrieron con “el caso Algora” (30 de julio de 1932)

Como ya no era posible anuencia alguna, unos y otros trataron de ganar la batalla de la propaganda. Y entonces fue cuando Algora tuvo que recurrir a unos incómodos compañeros de viaje: al verse apartado del ámbito socialista sólo pudo apoyarse en unos medios, los conservadores –especialmente, el Heraldo de Aragón, que lo único que hacían era subvertir más cualquier mensaje que él podía dar. ¿Y cómo convencer a todos de su ejemplaridad socialista cuando eran los lerrouxistas y los futuros cedistas sus únicos aliados en la batalla por los espacios propagandísticos? Al poco, el muy conocido Manuel Cordero decía a todos que ya se había visto sorprendido por la “flojedad de la conciencia socialista” que había mostrado Algora durante el mitin que tiempo atrás habían compartido en Calatayud, y Vida Nueva sacaba asuntos de trastienda y cortaba cualquier lazo que le pudiera unir a su ex correligionario con sentencias que dejaban al rebelde en muy mala posición: se dijo que había actuado de espaldas a la agrupación de Zaragoza, que había antepuesto sus intereses a los del partido, que desde muy pronto había tratado de predisponer a las organizaciones locales en contra de los organismos centrales, que por mucho que mentara la libertad interna del partido estaba atentado contra principios fundamentales de su reglamento –aquello que decía que el estado español era una “Confederación republicana de las nacionalidades ibéricas, reconocidas a medida que vayan demostrando indudablemente un desarrollo suficiente”- … acusaciones que en su conjunto trataban de minimizar sus funciones e incluso sus capacidades políticas. Editoriales y textos, pues, de diversa ralea –algunos serios, otros satíricos, otros argumentados, otros inteligentes y otros abiertamente esquizofrénicos- que suponían la expresión viva de un temor que había acompañado todos los pasos del socialismo aragonés y que pese al crecimiento sindical todavía no había logrado cicatrizar: que alguien rompiese la armonía de la izquierda proletaria y echase por tierra los años de lucha. Y si bien hubo algunos articulistas como Manuel Albar o Juan Sancho que trataron de responderle de alambicadas formas por la amistad y vivencias que les unían a él, hubo otros, como Juan Beraza o Arsenio Jimeno –este último, bajo el seudónimo de Alhambra-, que prefirieron volcar sobre él sin sutilezas todo tipo de dicterios.

Pero nada trocó la idea patológica que Algora tenía del nacionalismo catalán. Ni, tampoco, de su papel en el Parlamento. De hecho, aseguró que él debía su cargo de diputado a las organizaciones sindicales y no al Partido Socialista, por lo que no había lugar para su dimisión. Tuvo que reunirse en Zaragoza la Asamblea Provincial en agosto para que cambiara de opinión: aquel día, con 24.944 votos a favor frente a tan sólo 471 en contra, se oficializó el rechazo de la UGT zaragozana. Con tan febles resultados, era cuestión de tiempo que el último reducto que quedaba al ex diputado, el de Caspe, adoptara la postura mayoritaria. Y que José Algora se viera relegado al olvido…

(Próximamente, las conclusiones)

Portada del libro

Portada del libro

Hace algunas semanas me envió Joaquim Pisa Carilla (Barcelona, 1956) una copia de su libro Florilegio de términos, modismos, dichos y refranes aragoneses y de otras partes usados en la villa de Lanaja. Una obrita de 72 páginas de indudable regusto sentimental que en primera instancia ofrece una recopilación de las palabras y expresiones que el autor escuchó en su infancia, pero que ofrece también un homenaje a la población de sus antecesores y a la forma de ser de sus gentes. Y por eso, el libro resultará de igual interés al filólogo que rebusque en las capas populares nuevos términos, al antropólogo cultural que estudie la forma de ser de una población -¿qué mejor forma de conocernos, que estudiar la forma en que hablamos y todo aquello que bordea las convenciones y funciones de la palabra?-, que al curioso que desee aprender o, incluso, recordar a sus antecesores en las palabras de los najinos. Y es que determinadas expresiones, determinadas palabras –y es algo que me ha pasado-, será imposible no leerlas sin que asalte nuestras mentes la voz de nuestros padres o abuelos. Excusas todas buenas para asomarse a las páginas de este libro.

Florilegio de términos, modismos, dichos y refranes aragoneses y de otras partes usados en la villa de Lanaja está publicado por Ushuaia ediciones. Puede encontrarse en formato físico (a un precio aproximado de 7 euros) o en libro electrónico (a 3 euros).

Puede conseguirse en: http://www.ushuaiaediciones.es/florilegio.html

Fotografía de José Algora, tomada de la web del Centro de Estudios Borjanos

Fotografía de José Algora, tomada de la web del Centro de Estudios Borjanos

Siempre resulta interesante destacar a los personajes olvidados de nuestra historia, y más, cuando en su haber tienen algo que les hizo pioneros. Y José Algora Gorbea, nacido en Magallón (Zaragoza) el 10 de noviembre de 1884, cumple estos dos requisitos: este personaje, médico de profesión, fue el primer diputado –junto a Manuel Albar- con que contó el PSOE en Aragón en toda su historia, circunstancia que sin duda debería haberle dado una gran relevancia dentro de la trayectoria de su partido. Pero no fue así, y todo, por un episodio que le relegó al olvido y que, quizá, acabó salvándole la vida: la polémica por la concesión del Estatuto de Cataluña. Por todo ello, merece la pena dedicarle algunas líneas (que, a fin de no resultar extensos ni pesados, se distribuirán en torno a tres posts distintos que iremos colgando en las próximas semanas), a fin de explicar su trayectoria y ubicarle justamente en la posición que mereció.

Cuando ingresó en el PSOE, en 1928 –algunas fuentes, equivocadamente, señalan un año antes-, José Algora no le venía de nuevas eso de la política. Había militado en el Partido Radical (por el que fue concejal y diputado provincial) y el Partido Republicano Autónomo, y había sufrido cárcel por la huelga de agosto de 1917. Por todo ello fue bien acogido por los socialistas de la capital, a quien vieron en él un hombre que por sus capacidades y talla intelectual podría aportar mucho para la causa del socialismo local: un hombre capaz de expresarse en público, sin miedos, dispuesto a debatir de lo que se terciase y capaz de dar un contrapunto al verbalismo obrerista que, por lo general, caracterizaba al PSOE aragonés de entonces. Por eso se convirtió en un candidato natural en las elecciones generales de junio de 1931 decisión que, gracias al crecimiento del PSOE en los últimos años en la provincia, le permitió conseguir el acta de diputado. Pero el camino que se abrió a partir de entonces para él no iba a ser sencillo. Pronto surgieron algunos problemas entre él y sus correligionarios que se acrecentaron por la disparidad de criterios en torno al asunto del Estatuto de Cataluña. Y eso que al principio, en 1931, todos habían estado de acuerdo en considerar tal Estatuto un error. Así, todavía el 9 de enero de 1932 se escribían en Vida Nueva, el órgano socialista zaragozano, frases como: “Esperemos que la Generalidad, una vez concedido el Estatuto, se hunda en manos de Maciá”. Sin embargo, poco después desde Madrid se decidió apoyar la capacidad de las regiones españolas a tener un Estatuto, siempre que no actuara este en perjuicio de las restantes, y más, después de que el rechazo al mismo acabara convirtiéndose en una suerte de caballo de batalla de los grupos conservadores y radicales. De hecho, la campaña antiestatutaria de la prensa radical llevó a que muchos de los hombres de izquierda hicieran una indivisible analogía entre el Estatuto y la libertad de elección que representaba la Constitución. Sin embargo, Algora, que siempre mantuvo sus alergias cantonalistas, no quiso sumarse a la corriente mayoritaria.

El asunto adquirió especial gravedad después de que Algora expusiera su desacuerdo públicamente en el Congreso. Así, teniendo en contra a su partido, afirmó que no podía estar de acuerdo con el Estatuto y que su opinión la avalaban los veinte mil electores que habían depositado su voto por él. Esto llevó a Manuel Albar a afirmar que por el mismo número de votos él iba a defender lo contrario. Una imagen que merece la pena guardar en la retina: los dos únicos diputados socialistas aragoneses enfrentados entre sí  y teniendo como incómodos testigos a sus compañeros de partido y a toda la oposición, amén de un grupo de periodistas dispuestos a capturar tal noticia para ofrecerla al público. A partir de entonces, todo iba a cambiar para él.

Continúa en: http://hermeneutico.wordpress.com/2013/05/20/el-diputado-jose-algora-y-el-episodio-del-estatuto-de-cataluna-ii/

Con el fin de recabar información dedicada al socialismo histórico aragonés, así como para difundir un poco más el conocimiento sobre el mismo, he puesto en marcha un nuevo blog que estará orientado exclusivamente a estos temas. Incluyo a continuación el texto de presentación que he dedicado al mismo y en el que se explican sus planteamientos y objetivos con mayor detenimiento: 

Sorprende que la mayoría de los nombres de estos socialistas, que realizaron constantes sacrificios por el partido y por el sindicato, hayan sido relegados, durante tantos años, de las páginas de los libros, salvo en aquellos casos en que aparecen, secundariamente, como restos de naufragio, como escombros nacientes, en obras que, primitivamente, perseguían otros objetivos. Y aún sorprende más que sus vidas se ofrezcan, salvo a sus hijos y nietos, que aún saben engarzarlas en el ciclo de la emoción, como una materia todavía virgen para la mayoría de los hombres y mujeres que, varias décadas después, decidieron integrarse en su progenie política.”  (de El socialismo histórico altoaragonés. El PSOE y la UGT desde sus orígenes hasta los inicios del franquismo).

Aunque la tradición decimonónica y las apologías a los gobernantes suelen presentar la Historia como algo que construyeron, casi en exclusiva, los “grandes” personajes que estuvieron al frente de los reinos y naciones, convendría tener en cuenta que el pasado, la Historia, lo que somos hoy, no es resultado de la voluntad de unos pocos, sino el producto de los movimientos de todos. Y así debemos notificarlo cuando echamos la vista atrás y tratamos de conocer qué somos. Quien olvide la raigambre de lo popular, quien desdeñe el papel de quienes ocuparon puestos de menor responsabilidad, quien no tenga en cuenta, en definitiva, la historia desde abajo estará simplificando el conocimiento, inocentemente o no, o en su defecto, lo estará sepultando bajo el peso de las abstracciones. Por eso resulta fundamental aludir a quienes han sido los grandes olvidados e insertarlos de nuevo en los renglones caprichosos de la Historia. El presente blog no tiene otro objetivo que el de ayudar a difundir, aunque sea modestamente, algo más de aquello a lo que he dedicado mi tesis doctoral: el estudio del movimiento obrero aragonés. De hecho, este blog también podría considerarse una especie de aviso o llamada para aquellos amigos o familiares de las personas que a lo largo de estos años he estudiado. Así, iniciamos el mismo con un índice de los personajes que biografié en el el libro dedicado al socialismo histórico altoaragonés que publiqué en el año 2012 y del que procede la cita que se incluye un poco más arriba. De este modo, quien busque a sus antecesores o conocidos comprobará que hay un trabajo en el que, aunque sea someramente, se les tuvo en cuenta. Y mi deseo es hacer algo similar con las provincias de Zaragoza y Teruel, aprovechando los datos que he logrado recopilar tras varios años de estudio. A todo ello se suma una intención personal: averiguar algo más sobre los socialistas aragoneses exiliados, temática a la que también he dedicado parte de mis investigaciones y que ya asomó en mi obra Julián Borderas Pallaruelo. Una historia del socialismo y del exilio español (1899-1980). 

Por supuesto, querido lector, si tiene algún dato o fotografía de las personas que aquí aparecen señaladas, o conoce a algunos de los integrantes de las instantáneas que se incluyen aquí, no dude en comunicarse conmigo.” 

Se puede visitar el blog en la siguiente dirección: http://desilenciosydeolvidos.wordpress.com/

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